Cuando hablamos de bruxismo nos referimos a la acción de apretar o rechinar los dientes de manera inconsciente. Normalmente se trata de un problema nocturno que puede causar dolor en la zona de la mandíbula y mucha tensión en todos los músculos encargados de la mordida. En casos más severos, pueden aparecer problemas articulatorios y dolores cervicales adyacentes. 

El bruxismo, al tratarse de una patología muy prevalente es abordada de forma multidisciplinar (fisioterapia, odontólogos con férulas, maxilofaciales…). Puede ser provocado por elevadas concentraciones de la hormona cortisol que es la causante del estrés o por elementos parafuncionales como morderse las uñas, mascar goma de mascar con asiduidad, etc. 

La pregunta intrigante, y motivo de este artículo, es: ¿Por qué hay mujeres que no han padecido de bruxismo en toda su vida y sí que sufren de él durante el embarazo? 

Existen varias respuestas a esta pregunta:  

Unos creen que es porque durante el embarazo, la madre presenta más estrés y en consecuencia tendrá más cortisol en sangre, cosa que facilitará el bruxismo.  

Otros creen que es porque el peso del feto a nivel abdominal provocará tensiones en toda la cadena muscular anterior y en todas las fascias anteriores, provocando, por tanto, más tensión en los músculos maseteros y pterigoideos… que son los encargados de la mordida.  

Y existe una última vertiente de científicos que lo atribuyen a una mayor concentración de hormona femenina durante el embarazo. Se ha demostrado que, en la población general, el bruxismo presenta más incidencia en mujeres que en hombres, principalmente, por la acción de hormonas femeninas. Estas hormonas tales como la progesterona y los estrógenos aumentan su concentración durante el embarazo, aumentando también así las probabilidades de generar bruxismo y dolor en la ATM.  

Por tanto, es bastante probable que, si estás embarazada y presentas dolor en la articulación temporomandibular por bruxismo, tus síntomas remitan unas semanas/meses después del parto.