La fascitis plantar es una patología que provoca un proceso doloroso e incluso inflamatorio en la planta del pie. En ocasiones puede derivar un espolón calcáneo, observable mediante radiografía. Este es un punto importante ya que el espolón es una consecuencia directa de la fascitis y no un hueso que crezca de forma anómala como habitualmente se acostumbra a pensar, por lo tanto, tendremos que tratar a las dos entidades de la misma manera.  

Habitualmente es producida por un exceso de tracción sobre la fascia plantar en la zona donde ésta se inserta en el calcáneo. Se trata de una estructura que permite aguantar la bóveda plantar en carga y en el momento de realizar la zancada. Las principales causas son debidas a variaciones en el peso sobre el pie, alteraciones biomecánicas y una mala elección del calzado (es bastante típico ver este tipo de patología en las últimas etapas del verano). 

La sintomatología que produce se manifiesta en el momento de ponernos en marcha y afecta principalmente a la parte media y posterior del pie o al palpar la zona directamente.  

Una vez realizado el correcto diagnóstico el tratamiento pasará por corregir las disfunciones mecánicas que producen el exceso de tracción, estiramientos de la musculatura posterior de la pierna y un tratamiento sintomático con el fin de disminuir el dolor.  No hay que olvidar los consejos pertinentes en caso de ser producido por un mal calzado y la aplicación en su caso de medidas como la crioterapia para aliviar el dolor más agudo. En casos agudos también se recomienda la aplicación de vendajes funcionales con el fin de disminuir la carga en la zona.  

En el caso de haber esponolones más duros y persistentes, en ocasiones se recomienda un tratamiento con ondas de choque, pero hay que recordar que sin un tratamiento adecuado de las causas que provocan este problema la posibilidad de que se repita el problema será alta.