El término necrosis indica muerte celular en algún territorio por falta de irrigación sanguínea. Con la sangre llega el oxígeno y los nutrientes necesarios para que las células puedan sobrevivir y hacer su función. Cuando esta necrosis aparece en el extremo óseo proximal del húmero, estaremos hablando de necrosis de la cabeza humeral. 

Habitualmente esta patología es secundaria a la fractura del cuello anatómico del húmero, pero también puede aparecer en otras situaciones como en la trombosis de la arteria que irriga la zona, también puede llegar a ser provocada por medicamentos o ser de origen idiopático. 

Cuando mediante radiografía o resonancia se ha detectado la necrosis, hay que valorar la integridad de la superficie articular, ya que no será igual la evolución a esperar en aquel hombro donde la cabeza humeral sigue teniendo forma redondeada y puede mantener el juego articular, que aquel donde esta cabeza tiene su forma perdida imposibilitando el «engranaje» con la cavidad glenoidea de la escápula. 

El paciente con necrosis de la cabeza humeral presentará dolor y limitación de movimiento en diferentes planos en función del territorio necrótico, siendo habitual el dolor al abrir el brazo o en las rotaciones. 

En esta patología es primordial ir ganando movilidad articular progresivamente, rebajar las tensiones de la musculatura del manguito rotador y adyacentes y fortalecer, en la medida de lo posible y sin provocar un colapso que comprometa la integridad de la cabeza humeral, la musculatura del brazo y tronco. 

Todas estas pautas van dirigidas a disminuir el dolor y mejorar la limitación en las actividades de la vida diaria del paciente, tratando de evitar la colocación de una prótesis invertida de hombro.